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Cinco trucos para conciliar el sueño cuando las preocupaciones no te dejan dormir

TRASTORNOS DEL SUEÑO

En la Jungla. Antes de recurrir a los fármacos, los expertos recomiendan una serie de claves que reduzcan la ansiedad.


Al mundo moderno le cuesta dormir. Según los datos del ministerio de Sanidad, un 30% de la población sufre insomnio, y en un tercio de esos casos lo hace de forma crónica. Algo más de un 20% sufre síntomas de insomnio dos o tres noches a la semana. Y estos datos encuentran correlación en el resto del mundo desarrollado. En algunos casos se trata de trastornos específicos que requieren tratamiento y farmacología. Otros vienen de la mano de los males de nuestros tiempos.

Inquietud por la incertidumbre económica, tensión por conservar el empleo en circunstancias cada vez más precarias, estrés por conciliar carrera y trabajo: la ansiedad es un círculo vicioso. Las noches en blanco perjudicarán nuestro rendimiento físico e intelectual. No harán más que empeorar nuestras dificultades e impedirnos poner en práctica soluciones. Por eso, es de crucial importancia el hallar reposo incluso en circunstancias adversas.

CNN Health ha reunido los consejos de los expertos en sueño que conviene poner en práctica antes de tomar otras medidas.

1) PASA PARTE DEL DÍA AL AIRE LIBRE

Este es, en realidad, un consejo aplicable a la higiene del sueño en cualquier circunstancia. Los ciclos circadianos que regulan nuestro paso de la vigilia al descanso se ven afectados por la luz solar. La producción de la melatonina, la hormona que nos ayuda a conciliar el sueño, no será óptima si no hemos pasado por los menos 30 minutos al aire libre.

“Exponerse a la luz del sol a media mañana puede ayudarnos a reajustar el reloj interno del cerebro y facilitar que durmamos mejor” – explica David K. Randall, autor de Dreamland: Aventuras en la extraña ciencia del sueño. “La exposición a la luz solar forma parte hoy en día de la previsión en la agenda de viajes de los atletas profesionales para evitar el jet lag, y puede ayudarnos a quedarnos dormidos cuando queramos”.

2) HAZ LISTAS MENTALES, POR ABSURDAS QUE SEAN

Sí, es lo que parece: el consejo secular de “contar ovejitas” tiene una base neurológica, siempre y cuando las ovejas te resulten interesantes. El objetivo de este ejercicio es el de adormecer los procesos mentales con pensamientos con distracción pero sin trascendencia que releguen las preocupaciones más inmediatas. “Si te gustan los festivales de música, ¿porque no pruebas a componer tu propia alineación de grupos?” – sugiere el experto en sueño Neil Stanley.

“El requisito previo indispensable para dormir es una mente tranquila” – explica Stanley. “Piensa en algo distinto a lo que te preocupa pero que tenga alguna historia. Puede tratar sobre cualquier tema que te interese, de modo a dedicar una parte de la energía mental a ello sin chocar con el mundo real y caer de nuevo en lo que te inquieta”.

3) PROPONTE PERMANECER DESPIERTO

Es lo que a pie de calle llamamos “psicología inversa”, pero lo que expertos en medicina del sueño como Colin Espie de la Universidad en Oxford llaman “pensamiento paradójico”. Intentar obligarnos a dormir cuando no logramos conciliar el sueño tiene el desesperante efecto de disparar nuestros niveles de ansiedad.

Lo que debemos intentar, propone Espie, es lo contrario: dar a nuestro cerebro la orden ‘paradójica’ de mantenernos despiertos.

“Si logramos sentirnos cómodos con la idea de seguir despiertos, la ansiedad por rendimiento y la frustración asociadas con el insomnio no tienen razón de ser y se diluyen, con lo que tu nivel de excitación se reduce” – explica el profesor sobre el proceso que tiene por resultado el llevarnos a un estado de calma.

4) SI NADA FUNCIONA, LEVÁNTATE

Si a los veinte minutos de aplicar estos consejos no hemos conseguido relajarnos, y hecho estamos más inquietos, es preferible salir de la cama, asegura la experta en sueño Jenni June. ¿Y qué haces al levantarte? Es indispensable que evites la iluminación directa y el ponerte a mirar el móvil o la tablet. La luz de estos dispositivos tiene el efecto de interferir en los ciclos circadianos y sólo conseguirá que nos cueste más volver a dormirnos.

La página impresa es aquí nuestra aliada. Si somos de letras, leer un libro, o si somos de ciencias, hacer un sudoku. Pero mejor todavía es sentarnos a poner por escrito lo que nos inquieta. “Es una manera terapéutica de demostrar que no tenemos tanto de lo que preocuparnos sino más bien una serie de temas recurrentes. Puedes separar las inquietudes hipotéticas (“¿Y si me equivoco en el trabajo y me despiden”) de las verídicas (“Me he equivocado en el trabajo y me han despedido”)” – explica Kathryn Pinkham del National Health Services.

“Una vez identificadas las preocupaciones reales, puedes establecer un plan de acción para solucionarlas. Y a las hipotéticas, déjalas marchar“. June añade un detalle: una vez hayamos terminado el ejercicio, añadamos la frase: “Puede esperar hasta mañana“.

5) RESPIRA, Y VUELVE A LA CAMA

“Vuelve a la cama, concéntrate en tu respiración, recuerda lo que has escrito y dale permiso mentalmente a tu cuerpo para dormir” – sugiere June. Las respiraciones profundas, que tienen por objetivo reducir la ansiedad, deben repetirse durante unos diez minutos.

“Se trata de una poderosa técnica de distracción, especialmente si la acompañamos contando mentalmente” – explica la experta en sueña Christabel Majendie. “Tu objetivo es expirar durante más tiempo del que inspiras, y hacer una pausa entre cada inspiración y expiración; por tanto, debes tratar de contar tres segundos cuando inspiras, parar, contar hasta cinco cuando expires, y hacer una pausa“.

Meningitis

Pasos a seguir frente a casos sospechosos

Generalidades

Se define meningitis como la inflamación de las meninges, membranas que envuelven y protegen al cerebro y a la médula espinal. Las manifestaciones clínicas fundamentales son: fiebre, irritabilidad o somnolencia, rechazo del alimento, cefalea, fotofobia, convulsiones, rigidez de nuca, signos de Kerning y Brudzinski positivos, acompañado de pleocitosis en el líquido cefalorraquídeo (LCR). Esta respuesta inflamatoria de las células leptomeníngeas y del espacio subaracnoideo se produce ante agresiones, generalmente de naturaleza infecciosa (bacteriana, viral, micótica), y menos frecuentemente de causa química, medicamentosa, tumoral (meningitis carcinomatosa) o autoinmune (vasculitis).

Las infecciones virales son la causa más frecuente, pero su impacto en la salud pública es menor debido a que suelen tener un curso clínico relativamente benigno, sin necesidad de tratamiento específico.

En contraste, la etiología bacteriana continúa causando una importante morbimortalidad, a pesar de los avances en el diagnóstico y en el tratamiento. Pueden traer aparejado complicaciones severas como sepsis, abscesos cerebrales, hipertensión intracraneana, enfermedad cerebrovascular, hidrocefalia o trombosis de senos venosos, con deterioro de conciencia, requiriendo tratamiento en una unidad de cuidado intensivo, poniendo en peligro la vida del paciente con posibilidad de dejar secuelas tales como sordera, ceguera, trastornos motores, sensitivos, retraso psicomotor, parálisis cerebral, convulsiones persistentes, alteraciones endocrinas, etc. Tienen una distribución mundial. Los principales agentes causales son el Haemophilus influenzae, la Neisseria meningitis (meningococo) y el Streptococus pneumoniae (neumococo). La meningitis meningocócica, además de los casos esporádicos, es la única forma capaz de causar epidemias.

El reservorio de estos gérmenes es humano. La transmisión se produce por contacto directo con gotitas y secreciones de las vías nasales y de la faringe de las personas infectadas. La transmisibilidad persiste hasta que los microorganismos desaparecen de las secreciones nasofaríngeas. Esto ocurre en el lapso de 24 horas a 48 horas siguientes al inicio del tratamiento eficaz con antibióticos específicos.

Actualmente, con la incorporación a los esquemas nacionales de inmunizaciones de la vacuna conjugada anti Hib (Haemophilus influenzae tipo b) y de la vacuna antineumocócica, las enfermedades invasivas causadas por estos microorganismos se han reducido.

Debido a la relevancia clínica y epidemiológica, los casos de meningitis deben ser notificados a las autoridades sanitarias, especialmente cuando se confirman N. meningitis o H. influenzae como agentes causales dada la alta posibilidad de contagio persona a persona, siendo su notificación obligatoria e inmediata (menos de 24 horas desde el diagnostico), especialmente en recintos cerrados o sitios de aglomeración (instituciones educativas y guarderías, entre otros). Los contactos cercanos (expuestos a secreciones oro faríngeas, o por compartir juguetes, alimentos o bebidas) deben recibir profilaxis antibiótica.

Pasos a seguir frente a casos de meningitis

  1. Confeccionar la Ficha Epidemiológica específica (FICHA DE MENINGOENCEFALITIS Y SEPSIS) y notificar al sistema epidemiológico de referencia.
  2. Definir si es de tipo viral o bacteriana y proceder acorde:
    Si se trata de una meningitis viral, seguir las recomendaciones de prevención de meningitis virales.
    Si se trata de una meningitis bacteriana se deberá conocer el agente causal. Esta información no siempre está disponible en el primer día de internación por lo cual deberá existir una comunicación fluida con las áreas epidemiológicas correspondiente hasta obtener el diagnóstico definitivo.

    Meningitis bacteriana producida por Haemophilus influenzae tipo b: indicar antibióticos a los contactos de acuerdo con las recomendaciones y controlar el esquema de vacunación de los mismos.
    Meningitis bacteriana producida por Meningococo: los contactos deben recibir profilaxis antibiótica según recomendaciones.
    Meningitis bacteriana causada por otro germen o es a germen indeterminado (es decir no se encuentra un agente en los cultivos): no está indicado dar antibióticos a los contactos. En algunos casos la autoridad de Salud podrá recomendar el uso de antibióticos frente a un caso de meningitis bacteriana que, a pesar de no tener agente, por clínica sea compatible con meningitis a Meningococo o a Haemophilus b.

Recomendaciones frente a casos de meningitis virales

  1. Observación cuidadosa de los contactos domésticos, escolares, de jardines y guarderías. Si desarrollan una enfermedad febril deben ser sometidos a una rápida evaluación médica.
  2. Las normas administrativas de los establecimientos (comedores, colegios, jardines, etc.) deben insistir en las medidas que permitan reducir al mínimo la posibilidad de transmisión fecal-oral, incluido el lavado minucioso de las manos antes de comer o dar de comer a los niños, después de cada cambio de pañales, etc.
  3. En el caso de comedores de escuelas, jardines de infantes y guarderías, es importante no compartir vasos, utensilios, caramelos, toallas, chupetines, chupetes, etc.
  4. Realizar limpieza adecuada de las instalaciones en forma diaria, de manera tal de lograr las mejores condiciones de higiene posibles. Se debe poner especial énfasis en la desinfección de pisos con lavandina diluida al 10% (1 litro de lavandina más 9 litros de agua), en la limpieza y desinfección de los baños con lavandina diluida al 20% (2 litros de lavandina en 8 litros de agua) y en la ventilación de los ambientes en forma diaria, preferentemente durante el último turno de limpieza.

Recomendaciones frente a casos de meningitis por Haemophilus Influenzae B

  1. Observación cuidadosa de los contactos domésticos, escolares, de jardines y guarderías. Si desarrollan una enfermedad febril deben ser sometidos a una rápida evaluación médica.
  2. Vacunación de contactos: controlar el carnet de vacunación. Se debe contar con las dosis adecuadas según la edad, completándolo según esquema en caso necesario.
  3. Quimioprofilaxis:

Se recomienda quimioprofilaxis:

– Todos los contactos domésticos (excepto embarazada) *, de cualquier edad, entre los cuales hay por lo menos 1 contacto < 4 años de edad no inmunizado o con inmunización incompleta.
– Todos los contactos domésticos entre los cuales hay un niño < 12 meses de edad (no recibió la dosis refuerzo).
– Todos los contactos domésticos entre los cuales hay un paciente inmunocomprometido, cualquiera sea su edad, aunque tenga la inmunización completa.
– Todos los contactos de guarderías y jardines, cualquier sea la edad, cuando ocurren dos o más casos de enfermedad invasiva por Hib en el término de 60 días.
– El caso índice, si es tratado con otras drogas diferentes a cefotaxima o ceftriaxona. La quimioprofilaxis se debe realizar antes del alta.

No se recomienda quimioprofilaxis:

– Contactos domésticos entre los cuales no hay niños < 4 años (aparte del paciente)
– Contactos domésticos entre los cuales hay niños < 4 años con inmunización completa. **
– Contactos de guarderías y jardines de 1 caso índice, especialmente si son > 2 años de edad.
– Mujer embarazada.

* Contacto doméstico: se define contacto doméstico al individuo que reside con el paciente índice o que no reside pero pasó más de 4 hs con él durante como mínimo 5 de los 7 días previos al ingreso al hospital del caso índice.
** La inmunización completa antiHib se define como haber recibido:
– al menos una dosis de vacuna a los 15 meses de vida o después.
– ó 2 dosis entre los 12 y 14 meses.
– o una serie primaria de 2 – 3 dosis antes de los 12 meses más 1 dosis de refuerzo a los 12 meses o después.

La profilaxis debe ser iniciada tan pronto como sea posible dado que la mayor parte de los casos secundarios en los contactos domésticos, se producen en la primera semana que sigue a la hospitalización del caso índice.
El momento de aparición de los casos secundarios restantes después de la primera semana sugiere que la profilaxis de los contactos domésticos iniciada 7 días o más después de la hospitalización del caso índice, si bien no es óptima, todavía puede ser beneficiosa.

La quimioprofilaxis se realiza con Rifampicina. Dosis: 20 mg/kg/día (dosis máxima:600 mg) por vía oral, 1 dosis diaria durante 4 días. En lactantes menores de 1 mes la dosis es de 10 mg/kg/día. En adultos cada dosis es de 600 mg/día.

Recomendaciones frente a casos de meningitis por Neisseria meningitidis (meningococo)

  1. Observación cuidadosa de los contactos domésticos, escolares, de jardines y guarderías. Si desarrollan una enfermedad febril deben ser sometidos a una rápida evaluación médica.
  2. Quimioprofilaxis:

Se recomienda la quimioprofilaxis:

– Contacto doméstico: en especial los niños pequeños.
– Contactos en el jardín o guardería en los 7 días previos.
– Exposición directa a secreciones del caso índice a través del beso o por compartir cepillos de dientes o cubiertos durante los 7 días previos.
– Reanimación boca a boca, contacto sin protección durante la intubación endotraqueal o durante la aspiración de secreciones respiratorias.
– Dormir o comer con frecuencia en la misma vivienda que el caso índice en los 7 días previos.

No se recomienda quimioprofilaxis:

– Contacto casual: sin antecedentes de exposición directa a las secreciones respiratorias del caso índice (ej. compañero de la escuela o del trabajo).
– Contacto indirecto: sólo contacto con un contacto de alto riesgo, sin contacto directo con el caso índice.
– Personal médico sin exposición directa a las secreciones respiratorias del paciente.


Los contactos de un caso incluyen a miembros de la casa, centros de cuidado diurnos, jardines maternales y de infantes, colegios, universidades, comunidades semi cerradas en contacto con un paciente con enfermedad meningocócica, por más de 4 horas diarias, durante 5 días de la semana o cualquier otra persona expuesta directamente a las secreciones orales del enfermo (compartir utensilios de comida o bebidas, besos, estornudo o tos, realización de maniobras de reanimación sin protección, etc.


Los contactos íntimos de todas las personas con enfermedad invasiva, sean esporádicos o en un agrupamiento o un brote, corren un riesgo más elevado y deben recibir profilaxis lo antes posible, preferentemente dentro de las 24 horas del diagnóstico del caso índice. Más allá de los 14 días no está indicada.


La quimioprofilaxis para personas que no son de alto riesgo sólo debe administrarse luego de la consulta con las autoridades de salud pública locales.

Los cultivos de aspirados nasofaríngeos y de hisopados de fauces no son útiles para determinar el riesgo.

Regímenes de quimioprofilaxis recomendados para los contactos de alto riesgo y los casos índices de enfermedad meningocóccica invasiva:

– Rifampicina: Dosis: recién nacidos 5 mg/kg/dosis, niños 10 mg/kg/dosis, adultos 600 mg/dosis. Cada 12 horas durante 2 días

– Ceftriaxona: Dosis: 12 años o menores 125 mg IM, mayores de 12 años 250 mg IM, embarazadas 250 mg IM. Única dosis

– Ciporofloxacina: Dosis: mayores 18 años 500 mg VO. Única dosis

Consultar con personal médico.


Si guardas la leche en la puerta de la nevera, no lo estás haciendo bien…

Es el último sitio que conviene a los lácteos.


¿Cuál es el primer lugar en que se le ocurre poner la leche en la nevera? Seguramente, la puerta, que es donde la pone casi todo el mundo. Entre otras cosas porque los envases tetrabrik parecen diseñados especialmente para ello. Es un error y el último sitio que conviene a los lácteos.

Distribuir los alimentos de forma correcta en la nevera es tan importante como mantenerla limpia y a la temperatura adecuada. No se trata de colocar las cosas donde resulte más fácil cogerlas, sino de mantener cada producto a la temperatura conveniente y de asegurarse la higiene.

Por qué la puerta no es adecuada para la leche


Guardarla aquí es un error

Pues porque es la zona del frigorífico menos fría y más sometida a cambios de temperatura, por el constante abrir y cerrar, muy perjudiciales para unos alimentos tan delicados.

Sus baldas son ideales para artículos con conservantes naturales, como las mostazas y otras salsas de bote, las mermeladas o los zumos. En los departamentos más grandes, se puede poner el agua, vino y otras bebidas. Cocinados arriba, crudos abajo.

¿Dónde hay que guardar la leche?


Este es el lugar correcto

Su sitio es el estante medio o bajo del frigorífico, el más fresco. El mismo donde se aconseja dejar los yogures, natillas y cualquier producto tan perecedero como éstos. También podría guardarse en el inferior, justo encima del cajón de las verduras, pero es mejor reservarlo para los productos frescos y crudos, como la carne o el pescado. Porque es precisamente la zona donde más frío hace.

Además de asegurarse una buena conservación, también se mejora la higiene, pues se evita que un goteo pueda contaminar otros alimentos situados debajo. Es imprescindible que la carne y el pescado estén bien envueltos y aislados para evitar que transmitan olores al resto de cosas almacenadas.

El goteo puede contaminar otros alimentos

Las verduras al cajón

Y el estante superior, ¿lo dejamos vacío? Pues no. Ahí es donde se debe guardar los alimentos cocinados, las sobras del día anterior, los fiambres y embutidos. Los quesos, excepto el curado, que está mejor fuera del frigorífico, como el jamón, acompañarán a la leche. Por último, está el cajón de las verduras.

Conviene no dejarlas fuera de ahí, entre otras cosas, porque si se quedan pegados a la pared de atrás del frigorífico pueden congelarse. Lo mejor es meterlos en una bolsa de plástico o en su envoltorio original si van empaquetados. Y también mantener ahí las hierbas aromáticas.

Frío no, gracias


¿Sabes qué hay que guardar y que no?

Ya puestos, habría que acabar con algunos mitos sobre la conservación en la nevera de determinados productos. Uno de ellos es el café, que además de perder buena parte de su sabor es posible que absorba los olores de los otros alimentos guardados.

Otro, el pan, que sólo conviene meter en el refrigerador si es de molde. Es mucho mejor congelarlo y, eso sí, dejar que se descongele antes de consumirlo e incluso de tostarlo.


Los tomates nunca deben ir en la nevera

Tampoco hay que meter en la nevera algunas frutas y hortalizas. El tomate, por ejemplo, que se vuelve más harinoso, porque el frío rompe sus membranas interiores, pierde sabor y no madura si es que está un poco verde.

No es amigo de la nevera el aguacate, que hay que dejar fuera, en una bolsa de papel abierta para evitar que se endurezcan y se pongan negros. Y, por razones obvias, las frutas tropicales (plátano, piña, papaya), poco acostumbradas a temperaturas por debajo de los 10 grados. Y aunque no es lo más habitual, alguien puede tener la tentación de guardar patatas y cebollas en el frigorífico. Jamás.

El frío convierte su almidón en azúcar y se vuelve dulzona y harinosa. Las cebollas tampoco están a gusto en frío, porque se reblandecen y germinan enseguida. A menos que se trate de las tiernas o cebollinos. Y, ya lo peor de todo, es poner estos dos alimentos juntos, sea dentro o fuera del frigorífico, porque al entrar en contacto emiten un gas que las pudre.

Distribuir los alimentos de forma correcta en la nevera es tan importante como mantenerla limpia y a la temperatura adecuada”

¿Tabaco o pesticida?

EN VIETNAM

La chica no esperaba inhalar una concentración tan alta de nicotina y de desplomó en plena calle.

La turista segundos después de fumar de la pipa en un mercado de Vietnam

Seguramente la turista protagonista de esta historia no olvidará fácilmente su viaje a Vietnam y su experiencia en el mercado Dong Xuan de Hanoi. Y una de las razones es que las imágenes en las que aparece fumando una pipa en este espacio y su posterior reacción se han hecho virales en las redes sociales, por lo que ahora lo tiene más complicado para eliminar de su mente esta experiencia.

En el mercado la turista y su pareja se encontraron con un grupo de hombres que les invitaron a fumar con ellos de la pipa que tenían preparada, con lo que ellos denominan ‘thuoc lao‘, algo así como un tipo de “tabaco salvaje” que procede de unas hojas de una selva local con una alta concentración de nicotina, hasta el punto de que el mismo local lo utiliza a veces como pesticida.

Tras inhalar el tabaco de la pipa, la turista se estremece al instante para después caer desmayada de espaldas. Por lo general, este tipo de tabaco puede causar náuseas o mareos a las personas que no están acostumbradas al tabaco, y también es normal que haya personas que terminen por desmayare, como es el caso de la mujer.

Los locales del país dicen, no obstante, que, si estás acostumbrado, este tipo de tabaco es muy digestivo y normalmente se fuma con té verde o una cerveza para mejorar la experiencia.

Volviendo a la turista, las imágenes muestran como la mujer se derrumba muy cerca de la carretera donde circulan coches y motocicletas para sorpresa de los hombres que están con ella que, a pesar de traerle un vaso de agua para reanimarle, no parecen excesivamente preocupados por una escena que, a juzgar por su reacción, han visto en más de una ocasión. La turista, todavía aturdida, se levanta y se aleja del mercado con su acompañante mientras la cámara sigue grabando unas imágenes que, finalmente, se han hecho virales tras publicarse en diferentes redes sociales.

La mujer cae desplomada segundos después de fumar de la pipa en el mercado de Vietnam…, por el efecto nocivo de la “nicotina”.

¡¡USAN LA NICOTINA COMO PESTIZIDA!!

13 manifestaciones físicas que no sabías que estuviesen provocadas por la ansiedad

La ansiedad y los ataques de pánico son procesos tanto físicos como mentales…



¿Por qué dicen que las mujeres estamos siempre en crisis?




La ansiedad es un estado mental que va acompañado por una sensación de preocupación, miedo y nerviosismo y, aunque se trata de un problema que comienza en el cerebro, suele provocar también trastornos físicos.

“La ansiedad es un mecanismo de defensa que aparece ante situaciones que se perciben como una amenaza. Otras expresiones como ‘aprensión’, ‘incertidumbre’, ‘nerviosismo’ y ‘estar al límite’ también son una buena manera de describir las sensaciones que acompañan a la ansiedad”, explica la experta Nicky Lidbetter

Es muy importante ser consciente de que una persona que sufre ataques de ansiedad o de pánico puede experimentar multitud de manifestaciones físicas, no sólo en un momento puntual, sino a diario. De lo contrario, el paciente consultará con el médico de cabecera ante el temor a padecer una afección más grave.

También es fundamental tener presente que estas sensaciones físicas no son imaginarias, sino reales, y que tienen una explicación científica.

“La ansiedad es algo completamente normal que todo ser humano puede sufrir en un momento dado”, explica Nicky. Por lo tanto, comprender por qué nuestros cuerpos reaccionan de la manera en que lo hacen puede ayudarnos a combatir la ansiedad, a conocer mejor nuestro cuerpo y, en definitiva, a retomar el control de la situación.

Vamos a analizar los síntomas físicos más habituales que se asocian a la ansiedad junto a una explicación fisiológica para cada uno de ellos.

¿CÓMO AFECTA LA ANSIEDAD A NUESTRO CUERPO?

“Cuando te encuentras ante una situación que sientes como una amenaza, automáticamente se inicia una cadena de procesos, conocida como reacción de ‘lucha o huida’. Esta reacción se produce de forma inconsciente, ya que es activada por la parte de nuestro sistema nervioso encargada de regular nuestras acciones involuntarias (respiración, ritmo cardíaco, etc.). Esta parte de nuestro sistema nervioso se denomina “sistema nervioso autónomo” y, a su vez, se divide en dos: sistema simpático y sistema parasimpático.

Ambos se complementan, pero solamente uno puede dominar en un momento dado. Ante cualquier situación que nos genere ansiedad, nuestro sistema simpático tomará el control y se desencadenará la reacción de “lucha o huida”.

Es importante recordar que cada persona experimenta la ansiedad de una forma diferente, de modo que un individuo puede presentar todos o ninguno de los siguientes síntomas o bien una combinación de algunos de ellos. Incluso pueden aparecer otros síntomas físicos que no enumeramos aquí.

1. Dolor en el pecho y taquicardias

Se podría pensar que son señales de un ataque cardíaco inminente, pero no lo son. Cuando tienes un ataque de ansiedad o de pánico, el corazón empieza a latir más rápidamente, bombeando más sangre a diferentes partes del cuerpo para que éste se prepare para la lucha o la huida.

Este proceso puede hacer que hiperventilemos, lo que, a su vez, hará que los vasos sanguíneos se contraigan y es entonces cuando aparece un dolor en el pecho que puede extenderse de forma intermitente por distintas partes del mismo.

También es importante tener en cuenta que las oleadas de adrenalina que se desatan en estas situaciones no son perjudiciales para el corazón.

Es normal pensar que estás sufriendo un ataque al corazón, nos comenta Nicky. “Muchas personas nos cuentan cómo salieron corriendo a Urgencias porque creían que les estaba dando un infarto. Una vez allí, se les dijo (después de las pertinentes pruebas médicas) que su problema era exclusivamente psicológico”.

Nota: Si alguna vez te duele el pecho, ve al médico para descartar una afección cardíaca.

2. Dificultad para respirar

Lo mismo se puede decir cuando, durante una crisis de ansiedad, tenemos la sensación de que nos falta el aire o sentimos una presión en el pecho.

En estos momentos somos más conscientes de nuestra respiración, lo que nos puede llevar a hiperventilar, es decir, a respirar por encima de las necesidades de nuestro cuerpo.

3. Dolor en miembros y músculos

La ansiedad puede afectar a nuestras extremidades de muchas formas. En primer lugar,             al igual que ocurre con los dolores de pecho, una mayor entrada de oxígeno puede          causarnos dolor en los músculos. Otras causas son:

  • Tensión muscular provocada por estrés: el estrés diario es un factor que se asocia a la rigidez y al dolor muscular.
  • Postura: la ansiedad puede afectar a la forma en que te sientas, te tumbas o caminas, lo que, a su vez, puede tener repercusión a nivel muscular. Esto se debe a que todo el cuerpo se encuentra al límite y rara vez se encuentra relajado por completo.
  • Malos hábitos: cuando se presenta un cuadro de ansiedad es fácil olvidarse de comer sano, hacer ejercicio o de beber lo suficiente. Todos estos factores pueden afectar a tus extremidades.

    Las causas anteriores también pueden ocasionar dolores en la mandíbula y en la cara.

    4. Hormigueo y entumecimiento / sensación de debilidad

    Es muy habitual que la ansiedad cause entumecimiento y hormigueo en cualquier parte del cuerpo, aunque se da con mayor frecuencia en la cara, las manos, los brazos, los pies y las piernas. Esto se debe a que la sangre fluye hacia las partes del cuerpo que pueden verse implicadas en el proceso de lucha o huida. De esta manera, las partes menos importantes experimentan una sensación de debilidad, entumecimiento u hormigueo.

    Estos síntomas también pueden estar causados por la hiperventilación, afectando particularmente a las extremidades y a la cara.

    5. Temperatura: sensación de calor, sudor, escalofríos

    “El estado de excitación que sigue a una subida de adrenalina también conduce a un aumento de la temperatura corporal. Tu cuerpo reacciona e intenta bajar la temperatura por medio de la transpiración”, explica Nicky.

    Esta sudoración, a su vez, hace que empieces a tener frío. Por ello, tras un ataque de pánico, es normal empezar a tiritar y a sentir escalofríos, ya que el cuerpo comienza a enfriarse, aunque siga sudando para evitar sobrecalentarse.

    6. Mareo

    Durante los momentos en que aumentan los niveles de adrenalina, el corazón bombea con más fuerza, aumentado la presión arterial. Es este aumento de la presión arterial lo que provoca la sensación de mareo.

    7. Dolor de cabeza

    Los ataques de ansiedad y de pánico suelen causar dolores de cabeza tensionales como consecuencia de la acumulación de estrés. Pueden ser más o menos intensos y afectar a diferentes zonas de la cabeza.

    8. Dificultades para dormir

    El estrés y la tensión acumulada pueden hacer que sea más difícil conciliar el sueño, de igual manera que ocurre cuando tenemos muchas preocupaciones y somos incapaces de desconectar. Lo mejor en estos casos es practicar una técnica de mindfulness o de meditación para conciliar el sueño.

    Por otro lado, los ataques de pánico y los períodos de ansiedad muy prolongados pueden agotarte tanto física como emocionalmente. En este caso, debes saber interpretar las señales que te manda tu cuerpo y descansar.

    9. Molestias gastrointestinales

    Durante el proceso de lucha o huida, “la sangre abandona las zonas del cuerpo donde no se necesita, por ejemplo, el estómago. Esta es la razón por la que con frecuencia tenemos el estómago revuelto o sentimos “mariposas””.

    Cuando te sientes amenazada también es muy habitual la necesidad de ir al baño urgentemente. Esta es la forma que tiene el cuerpo de controlar una situación no deseada que podría ralentizarlo durante el proceso de lucha o huida.

    Al igual que los dolores de pecho se pueden confundir con un ataque al corazón, Nicky dice que “las mariposas en el estómago se interpretan como una señal de que podríamos llegar a vomitar”. Sin embargo, esto no siempre es así.

    10. Sensaciones auditivas

    Los cuadros de ansiedad son una de las causas de la pérdida de audición, pero, al mismo tiempo, también pueden provocar una hipersensibilidad al sonido cuando lo percibimos a un volumen más intenso de lo que en realidad se produce.

    11. Visión borrosa

    Es normal experimentar visión borrosa durante una oleada de adrenalina. Esto se debe a que las pupilas se dilatan para permitir que entre más luz y así estar mejor preparadas para luchar o huir. Sin embargo, una mayor cantidad de luz también puede hacer que veamos borroso. Del mismo modo, puede estar motivada por la hiperventilación.

    12. Manchas y acné

    Hay varias razones por las que la ansiedad y el estrés pueden causar brotes de acné:

  • Aumento de la producción de la hormona responsable del estrés que puede, a su vez, incrementar la cantidad de sebo que produce la piel.
  • Aumento de la sudoración que puede obstruir los poros.
  • Tendencia a tocarse la piel, sobre todo la de la cara, cuello y hombros, debido a la inquietud y a la sensación de estar al límite. Esto hace que la suciedad de las manos pase a la piel, haciéndonos más propensas a los brotes de acné.

    13. Pensamientos negativos

    Es muy habitual temerse el peor de los escenarios posibles durante un ataque de ansiedad, lo que a algunos puede volverlos completamente locos. Si es la primera vez que se siente la ansiedad o el pánico, estas sensaciones, hasta entonces desconocidas, pueden hacer que el cerebro piense demasiado y se preocupe en exceso por la causa que la motiva.

El hombre al que extrajeron un gusano de dos metros por la boca

Médicos indios extirpan un parásito que, aunque común en humanos, no suele alcanzar semejante longitud.


Procedimiento de extracción de la tenia

“No se sorprendió demasiado. Le llamó la atención que un gusano tan largo hubiera estado dentro de su organismo, pero estaba muy agradecido porque ahora estuviera fuera”, con estas palabras explica el director del Departamento de Hepatología del PVS Memorial Hospital en Kerala (India), la reacción del paciente que protagoniza la sección de “imagen clínica”.

Se trata de un hombre de 48 años al que un equipo de médicos, dirigido por Philips, ha extraído una Taenia solium del duodeno próximo. Al menos ahí estaba la cabeza de este común parásito, que también se conoce como lombriz solitaria y como gusano del cerdo. Pero si bien la tenía es relativamente frecuente en determinados países, no lo es que alcance casi los dos metros.

“En efecto, la infección por este parásito no es rara. Pero la longitud del gusano y el tipo de extracción que llevamos a cabo, sí. Por eso mandamos el caso al NEJM”, subraya Philips. La lombriz que habitaba en las entrañas del varón que entro en su quirófano medía 188 centímetros y el método de extracción que se decidieron a aplicar fue con fórceps por la boca del paciente, tras identificar la cabeza del parásito con la ayuda de una gastroscopia.

Philips comenta a este periódico que, de no haber extraído el gusano, su paciente hubiera padecido anemia que se hubiera ido agravando con el tiempo. De hecho, la tenía no fue la primera sospecha de sus médicos. El varón llevaba dos meses con molestias abdominales y letargo continúo. “Al ver que los análisis mostraban anemia moderada, buscamos infección por tenía entre otras cosas. No nos sorprendió encontrar el gusano, pero sí que fuera tan largo”, añade el especialista en medicina digestiva indio.

¿Habría habido otra forma de que la tenía abandonara al paciente? “Supongo que le habríamos dado medicamentos para que la expulsara con las heces”, concluye el médico. El antiguo hospedador de la tenía, relata por cierto en la revista, sigue asintomático un mes después del procedimiento, que incluyó también una dosis del antiparasitario praziquantel


Somos los microbios, y somos sus amigos


Por cada célula que hay en nuestro cuerpo, tenemos 100 microbios de distintas clases que proliferan en la boca, los oídos, la piel, los órganos genitales y, sobre todo, en los intestinos. En un adulto, la cantidad de microbios se aproxima a los 100 billones.

Aunque pueda sonar repulsivo, en realidad la mayor parte de estos microbios son inofensivos y aparentemente pasivos. Algunos nos resultan útiles y solamente una minoría son peligrosos: los microbios patógenos, es decir, los que causan enfermedades.

Por qué debemos cuidar de nuestros microbios

Cuando digo que la mayoría de estos microbios parecen pasivos, no es del todo exacto: en realidad, tienen la virtud (la mayoría) de que ocupan espacio, y con ello impiden que los microbios patógenos se instalen y se multipliquen. En este sentido, su presencia constituye un escudo defensivo que resulta imprescindible en nuestra vida. Por ello, lo peor que podría hacerse sería eliminar con lejía las bacterias que recubren alguno de nuestros órganos sensibles, como, por ejemplo, los genitales o el intestino. Lejos de obtener una “limpieza total”, lo que conseguiríamos sería favorecer la aparición de nuevos invasores sin tener la certeza de que vengan con buenas intenciones. Así es como se producen las infecciones.

Por eso, resulta lamentable que llevemos más de un siglo dedicando tanto esfuerzo a matar microbios de forma indiscriminada a base de antisépticos, fungicidas y antibióticos, que no siempre son indispensables. (Nota: esto no es una crítica a los antibióticos, sino a su abuso).

Aunque no las veamos, aunque no las conozcamos, la mayoría de estas bacterias son nuestras amigas. Y tener 100 billones de amigos no es poca cosa.


La micro biota intestinal, el foco de nuestra salud

Entre estos microbios, los más numerosos e importantes para la salud son las bacterias y levaduras que viven en el intestino en relación simbiótica (es decir, estableciendo entre ellos una relación de ayuda mutua) y que constituyen la “micro flora intestinal”, o “micro biota”.


Antes de profundizar en la cuestión, debo advertir a mis estimados lectores que los conceptos que vamos a tratar se encuentran en la vanguardia de los conocimientos científicos actuales, lo cual me obligará a ser prudente. Se trata de un ámbito extremadamente complejo y muy prometedor para la medicina del siglo XXI por las interacciones que tienen lugar entre el organismo y las cantidades ingentes de bacterias que evolucionan con gran rapidez. Además, ocurre en un entorno que resulta difícil reproducir, pues no es posible reproducir in vitro (en el laboratorio), lo que sucede en el intestino, y hacer observaciones in vivo (dentro de una persona viva) resulta muy complicado. Así pues, el conocimiento en el campo de las bacterias intestinales está avanzando de manera lenta e incierta.

Breve recordatorio sobre la estructura de los intestinos

Los intestinos son un tubo largo recubierto de una mucosa denominada epitelio intestinal que, a su vez, se compone de una fina capa de células, los enterocitos. Su estructura en forma de ribete en cepillo (una especie de terciopelo en el que cada pelo recibe el nombre de vellosidad intestinal) aumenta considerablemente la superficie de intercambio. Efectivamente, el epitelio intestinal es el que permite los intercambios entre el exterior y el interior de nuestro cuerpo.

Sí, ya sé que resulta curioso pensar que lo que sucede dentro de los intestinos tiene lugar en el exterior del cuerpo, pero es un hecho: hasta que los nutrientes no atraviesan la pared intestinal para llegar a la sangre, éstos permanecen en el exterior del cuerpo; al igual que el aire que entra en los pulmones se queda en el exterior hasta que penetra en la sangre. La diferencia entre los intestinos y los pulmones es que, en el caso de estos últimos, lo que no se absorbe vuelve a salir por el mismo conducto (la boca).

Si se desplegase la superficie extendida de las vellosidades del epitelio intestinal, podría cubrirse la superficie de una cancha de tenis. Además, aunque esta mucosa es muy fina, es muy resistente, y prueba de ello es que a lo largo de una vida se estima que pasarán a través de ella al menos 50 toneladas de alimentos. Además, apenas tiene irrigación de vasos sanguíneos.

Las bacterias protegen y nutren el epitelio

El secreto de la resistencia e integridad del epitelio intestinal reside en que está recubierto de microbios que lo protegen y alimentan. Son centenares de especies de bacterias y levaduras las que constituyen la micro biota.

La micro biota se nutre, entre otras cosas, de fibras, que son elementos que se encuentran en nuestra alimentación, pero que no podemos ni digerir ni absorber.

Las fibras se encuentran de forma abundante en todas las frutas y hortalizas. Resultan indispensables, por una parte, porque regulan el tránsito intestinal y, por otra, porque son necesarias para el mantenimiento del epitelio intestinal. A las bacterias y levaduras que recubren la mucosa intestinal les encantan las fibras. Realmente, las bacterias y levaduras fermentan las fibras para degradarlas y absorberlas. Este proceso acarrea la producción de ácidos grasos de cadena corta que, aunque parezca un milagro, son precisamente el alimento del que se nutren las células del epitelio. Así pues, favorecen su mantenimiento y, cuando se deteriora, permiten su reparación.

Como podrá observarse, todos salen ganando con la operación: tanto las bacterias y levaduras como las células de los intestinos. Se habla por tanto de microbios mutualistas o de simbiosis, a diferencia de los microbios parásitos, los cuales simplemente se benefician sin dar nada a cambio.

Estos microbios también nos benefician

Y eso no es todo: de los beneficios obtenidos de la colaboración entre la micro biota y las células intestinales (enterocitos) también hay otros beneficiados: ¡nosotros!

En efecto, el intestino produce ciertos neurotransmisores, como es el caso del 95% de la serotonina (la hormona de la felicidad), de ciertas enzimas (peptidasas y lactasa) y de vitaminas (sobre todo B12 y K), así como de numerosas moléculas mensajeras del sistema inmunitario (ARNm). Estas sustancias pueden influir en el estrés que padezcamos e incluso determinar nuestro carácter. Y prueba de ello es que, si se le practica un trasplante de micro biota intestinal de un ratón aventurero a los intestinos de un ratón temeroso, éste último se vuelve más valiente. La expresión “tener redaños para algo” es, por tanto, literalmente cierta (“redaño” es lo mismo que “mesenterio”, un repliegue del peritoneo).

Por otra parte, estas bacterias parecen ser capaces de producir compuestos químicos que regulan el apetito, la digestión y la sensación de saciedad.

Investigadores de los Países Bajos descubrieron que, al trasplantar la micro biota de ratones delgados en los intestinos de ratones con síndrome metabólico (obesidad, diabetes e infecciones vinculadas a la disminución de la sensibilidad a la insulina), se observaba un aumento pronunciado de la sensibilidad a la insulina de los ratones enfermos y, por tanto una mejora de su estado.

Las bacterias intestinales mal alimentadas causan enfermedades

Si las bacterias del intestino no reciben las fibras que necesitan para regenerarse, producen menos alimento para el cuidado de nuestro epitelio. Además, nos quedamos sin una parte de las sustancias beneficiosas que producen, que son aquellas a las que nos acabamos de referir (serotonina, enzimas, vitaminas…).

Si no se alimenta bien el epitelio intestinal, puede sobrevenir un aumento de la permeabilidad intestinal, en concreto en aquellas personas con intolerancia al gluten y a las proteínas de la leche de vaca. Las bacterias patógenas, proteínas e hidratos de carbono que no se hayan digerido adecuadamente pueden pasar a la sangre y desencadenar reacciones inmunitarias adversas. La consecuencia de ello es una inflamación crónica que, con el tiempo, puede provocar la aparición del síndrome metabólico, además de numerosas enfermedades crónicas vinculadas, como la colopatía funcional, enfermedades cardiovasculares, diabetes de tipo 2 e incluso cáncer.

Los investigadores han demostrado, además, que el intestino es anormalmente permeable ante casos como la enfermedad de Crohn, la espondilitis anquilosante, la artritis reumatoide, la diabetes de tipo 1 y, probablemente, ante la mayoría de las enfermedades autoinmunes.

El cuidado de la micro biota empieza desde el momento del nacimiento

Mientras estamos dentro del vientre materno, tanto el tubo digestivo como la piel están esterilizados.

Sin embargo, el bebé que nace por parto natural va recogiendo a su paso las bacterias de la madre, que no tardarán en colonizar la piel, la boca, las mucosas y los intestinos. Si nace por cesárea, serán las bacterias del entorno hospitalario (las de las manos del personal sanitario y las de quienes transitan por los pasillos del hospital) las que se instalen en esas mismas zonas. Todas estas cepas bacterianas, lógicamente, presentan riesgos para el bebé.

Los estudios realizados a bebés han permitido un hallazgo fundamental en relación con la micro biota. Durante años, los investigadores nutricionistas se han sorprendido por la presencia, en la leche materna, de ciertos hidratos de carbono complejos, los oligosacáridos, que los bebés no pueden digerir por falta de enzimas adaptadas. Resultaría muy sorprendente que la madre naturaleza que, en general, lo tiene todo previsto, desperdiciase los valiosos recursos nutritivos de la madre aportándole al bebé alimentos que no puede digerir.

Los investigadores se dieron cuenta de que estos particulares oligosacáridos no están ahí para alimentar al bebé, sino para alimentar a las bacterias del género Bifidobacterium (en concreto, el Bifidobactarerium infantis), especialmente adaptadas a los oligosacáridos presentes en la leche materna.

Cuando todo va bien, estas bifidobacterias proliferan e impiden que huéspedes menos deseables se instalen y nutren el epitelio intestinal de los niños. Estos oligosacáridos son, por tanto, prebióticos; es decir, son alimento para la micro biota.

Dado que los productores de leche materna no han tenido en cuenta durante mucho tiempo estos hallazgos, no han añadido ni prebióticos ni probióticos a sus preparados, lo cual perjudica la calidad de la micro biota y la inmunidad de los niños alimentados con biberón.

Esto, al igual que los partos por cesárea, podría explicar el aumento de los casos de alergias (eccemas), asma, inmunodeficiencia e incluso enfermedades degenerativas en los recién nacidos.

La importancia de los “juegos sucios”

Los niños no tardarán en atraer todo tipo de bacterias con comportamientos de sobra conocidos por todos los padres, como llevarse a la boca todos los objetos que encuentran (incluidos los desperdicios que hay en los parques públicos), y hasta la basura doméstica.

Es cierto que este acto reflejo asusta a los padres y, por supuesto, evitarán que sus hijos se lleven a la boca objetos muy sucios o productos peligrosos. De todas formas, si la micro biota se va enfrentando gradualmente a bacterias oportunistas o ligeramente patógenas, desarrollará una madurez inmunitaria que le permitirá resistir con mayor eficacia futuras agresiones. Este proceso es similar a la madurez psicológica de un niño que se enfrenta en sus distintas etapas a las dificultades de la vida.

A partir de los tres años, la micro biota del niño, aunque es muy específica, se corresponde en parte con la de sus padres e incluso con la de quienes viven bajo el mismo techo y se sientan a la misma mesa. Aunque aún puede evolucionar, será difícil que lo haga. Introducir una nueva cepa bacteriana en la micro biota viene a ser algo así como introducir una nueva especie en una selva que ya ha alcanzado su pleno desarrollo: en principio, todos los espacios libres están ocupados y al recién llegado le resulta muy difícil encontrar sitio. En general, esto sucede únicamente a raíz de una tormenta grave, por ejemplo, si la micro biota es diezmada por un tratamiento con antibióticos, si resulta modificada por una enfermedad infecciosa, si el germen recién llegado es particularmente poderoso o el terreno o la alimentación específica del niño le son propicios, como es el caso del hongo Cándida albicans en los niños que ingieren mucho azúcar (caramelos).

Los más perjudicados, los habitantes de las ciudades

Como cabría esperar, los habitantes de zonas rurales tradicionales, que están en contacto con los animales, la tierra y las plantas y que ingieren productos no transformados y sin esterilizar tienen una micro flora intestinal más rica y más eficaz que la población de los países industrializados que vive en oficinas y se alimenta de platos precocinados recalentados en el microondas.

Así pues, la consecuencia es que en occidente los intestinos de quienes allí viven están peor protegidos y, por tanto, son mucho más sensibles a las infecciones y a las enfermedades autoinmunes. Son, por consiguiente, menos resistentes a las bacterias patógenas. Por ejemplo, cuando con 19 años hice mi primer viaje a Pakistán, contraje una infección intestinal prácticamente en el mismo momento en el que las ruedas de mi avión tocaron la pista del aeropuerto internacional de Karachi. Sin embargo, hay 170 millones de pakistaníes que viven en el país y no todos están enfermos; lo que sucede es que sus intestinos están mucho mejor defendidos que los nuestros por haber adquirido una inmunidad más eficaz y al haber estado frecuentemente en contacto con bacterias oportunistas y patógenas mucho más variadas.

Cambiar los microbios

Hoy en día los médicos cuentan con la posibilidad de realizar trasplantes de micro biota. En realidad, se trata de extraer las heces del colon de una persona (sana) con el fin de introducirlas en el colon de una persona enferma. Se ha comprobado la eficacia de esta práctica en el tratamiento de personas infectadas por una bacteria patógena que se ha hecho resistente a los antibióticos, la Clostidrium difficile, causante de una enfermedad infecciosa que se ha triplicado en diez años en Estados Unidos y que se asocia a 14.000 muertes al año. En Canadá se ha cuadruplicado desde 2003.

Pero, antes de recurrir a medidas extremas, podemos seguir también una serie de hábitos respecto a nuestro modo de vida para recuperar una micro biota de calidad que nos proteja eficazmente de los ataques bacterianos, cuide nuestra inmunidad intestinal y disminuya el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes de tipo 2 y cáncer:

  1. Antes de tomar antibióticos, hay que asegurarse con el médico o el terapeuta que es indispensable y que no hay otra solución para tratar la enfermedad o el problema que padezcamos.
  2. No abuse de los productos de limpieza domésticos. Nuestro entorno debe estar limpio; pero hay que evitar que esté demasiado esterilizado.
  3. Evite los limpiadores anti bacterias, sobre todo, las soluciones de limpieza para las manos que se encuentran hoy en día por todas partes (a menos, claro está, que por su profesión -dentista, cirujano, enfermero, etc.- se vea obligados a ello o exista riesgo de epidemia).
  4. Deje que los niños jueguen al aire libre y acaricien a los animales. Haga jardinería. Retome el contacto físico con la naturaleza.
  5. Consuma alimentos prebióticos, ricos en fibras, para nutrir la micro biota: leguminosas (alubias, garbanzos, lentejas, etc.), cereales integrales (arroz, espelta, avena, etc.), cebollas, puerros y otras hortalizas, aguacates, plátanos, peras y otras frutas de temporada.
  6. Consuma alimentos que contengan bacterias probióticas: yogur, chucrut, pepinillos, aceitunas fermentadas…
  7. Disminuya el consumo de comida rápida, ya que son alimentos que, además, se digieren mal. Muchos alimentos modernos, ricos en grasas saturadas y almidón, apenas contienen fibras y no ofrecen por tanto nada interesante para que fermente en el intestino grueso, por lo que nuestras amigas las bacterias se debilitarán.
  8. No abuse de los medicamentos antiinflamatorios no esteroideos (ibuprofeno, aspirina, etc.), ya que aumentan la permeabilidad.

¿Problemas digestivos recurrentes? Regenere la micro biota cuanto antes

En caso de que tenga problemas digestivos desde hace tiempo (estreñimiento, diarrea, alternancia de ambos, hinchazón abdominal, gases fétidos…), es el momento de preocuparse de regenerar la micro biota mediante un tratamiento específico. Porque no hay que olvidar que es la salud de los intestinos la que determina, al fin y al cabo, la salud de todo el cuerpo, incluido el estado de ánimo.

Pero eso no se improvisa. Sin embargo, las investigaciones de estos últimos 30 años han permitido definir cuáles son las bacterias y sus factores de crecimiento indispensables para llevar a cabo esta sagrada tarea de protección.

  1. En primer lugar, es imprescindible aportar un surtido de bacterias lácticas que restaure la micro flora de protección intestinal. Estas especies bacterianas, compatibles entre sí y con capacidad de desarrollarse in vivo, pertenecen principalmente a los géneros Lactobacilos y Bifidobacterium.
  2. Estas bacterias, por beneficiosas que sean, se encontrarán desamparadas en su nuevo territorio y no podrán desarrollarse de forma armoniosa en él, a no ser que lleguen acompañadas de sus factores de crecimiento metabólico. Por tanto, es preciso prever su alimentación (con los prebióticos) a fin de que les proporcione los ingredientes necesarios para su crecimiento en el medio intestinal: oligosacáridos, colágeno, aminoácidos, lactoferrina y los cofactores vitamínicos (del grupo B) y minerales (magnesio, manganeso…).
  3. Aportar bacterias protectoras y favorecer su desarrollo son las dos primeras etapas que determinan la regeneración de la micro biota; pero también es preciso regenerar el epitelio intestinal, que debe formar de nuevo una barrera infranqueable e impermeable frente a los diversos agentes dañinos o patógenos. Para ello es necesario aportar agentes reparadores como la glutamina, fosfolípidos, colágeno, vitaminas del grupo B, C, E y carotenoides.
  4. El medio intestinal constituye la primera línea de defensas naturales del organismo. Por ello, conviene estimular la inmunidad gracias a una selección de nutrientes: las bacterias amigas o las inmunoglobulinas de calostro contribuyen a la resistencia natural del intestino frente a las agresiones del entorno. De igual manera, los oligoelementos (cobre, selenio, zinc), las vitaminas A, B6, B9, B12 y C participan en la actividad normal del sistema inmunitario.
  5. Por último, conviene estimular el metabolismo general mediante nutrientes en sus formas adaptadas: oligoelementos, vitaminas, coenzima Q10 y aminoácidos azufrados. Realmente, si el organismo está falto de vitalidad y de minerales y ha pasado meses o años con digestiones difíciles, no permitirá que se realice una buena labor de regeneración del aparato digestivo.

Estos prebióticos, probióticos y nutrientes específicos pueden encontrarse en establecimientos ecológicos serios.

No hay que olvidar que «la muerte comienza en los intestinos» y que una mala digestión acaba, a largo plazo, destruyendo el organismo y allanando el terreno a enfermedades aún peores.

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Las informaciones contenidas en este boletín se publican únicamente con fines informativos y no pueden ser consideradas como recomendaciones médicas personalizadas.


Olvidar puede hacerte más inteligente

El cerebro se aferra a la información más valiosa y olvida los detalles irrelevantes para mejorar la toma de decisiones.


Los investigadores creen que el olvido es un componente de nuestro sistema de memoria tan importante como el recuerdo.

¿Cómo se llamaba esa persona que me presentaron la semana pasada? ¿Qué hice con esas hojas que saqué hace unos días de la impresora? ¿A qué anécdota del pasado verano se refieren mis amigos? ¡No me acuerdo! Tener buena memoria significa ser capaz de recordar más información de manera clara durante largos períodos de tiempo. Incluso los neurólogos han estado de acuerdo en que la incapacidad de rescatar de la mente hechos del pasado no era más que un fracaso del cerebro.

Pero quizás el cerebro escribe recto con renglones torcidos. Investigadores de la Universidad de Toronto en Canadá creen que el objetivo de la memoria no es transmitir la información más precisa a lo largo del tiempo, sino orientar y optimizar la toma de decisiones inteligentes aferrándose solo a la información valiosa. «Es importante que el cerebro olvide los detalles irrelevantes y en su lugar se centre en las cosas que le van a ayudar a tomar decisiones en el mundo real», explica Blake Richards, uno de los autores del estudio que publica la revista especializada Neuron.

Los investigadores creen que el olvido es un componente de nuestro sistema de memoria tan importante como el recuerdo. Además, los mecanismos que lo promueven «son distintos de los implicados en el almacenamiento de información», añade el también autor del estudio Paul Frankland.

Uno de estos mecanismos es el debilitamiento o eliminación de las conexiones sinápticas entre neuronas en las que se codifican recuerdos. Otro, según han comprobado los investigadores en el laboratorio, es la generación de nuevas neuronas a partir de células madre. A medida que las nuevas neuronas se integran en el hipocampo (un área clave para la formación de los recuerdos), las nuevas conexiones remodelan los circuitos del hipocampo y sobre escriben las memorias almacenadas en esos circuitos, haciéndolas más difíciles de acceder. Esto puede explicar por qué los niños, cuyos hipocampos están produciendo nuevas y nuevas neuronas, se olvidan de tanta información.

Puede parecer contrario a la intuición que el cerebro se dedique a gastar tanta energía en la creación de nuevas neuronas en detrimento de la memoria. Pero Richards, cuya investigación aplica teorías de Inteligencia Artificial (IA) a la comprensión del cerebro, señala que la interacción entre el recuerdo y el olvido en el cerebro humano nos permite tomar decisiones basadas en la memoria más inteligentes.

Lo hace de dos maneras. En primer lugar, el olvido nos permite adaptarnos a las nuevas situaciones mediante el abandono de información obsoleta y potencialmente engañosa que ya no puede ayudarnos a movernos por entornos cambiantes. «Si usted está tratando de navegar por el mundo y su cerebro está en constante cuidado de múltiples memorias en conflicto, hace que sea más difícil para usted poder tomar una decisión informada», dice Richards.

La segunda forma de olvido que facilita la toma de decisiones hace que generalicemos los eventos pasados a otros nuevos. En la inteligencia artificial este principio se llama regularización y funciona mediante la creación de modelos informáticos simples que dan prioridad a la información básica, pero eliminan los detalles específicos, lo que permite una aplicación más amplia.

Simple y práctico

Los recuerdos en el cerebro funcionan de una manera similar. Cuando recordamos sólo la esencia de un encuentro en comparación con todos los detalles, este olvido controlado de detalles insignificantes crea recuerdos simples que son más eficaces en la predicción de nuevas experiencias.

En última instancia, estos mecanismos son desencadenados por el ambiente en el que estamos. Un entorno en constante cambio puede requerir que recordemos menos. Por ejemplo, un cajero que se encuentran con mucha gente nueva todos los días sólo recordará los nombres de sus clientes durante un corto período de tiempo, mientras que un diseñador que se cite con sus clientes regularmente conservará esa información más tiempo.

«Una de las cosas que distingue a un entorno en el que va a querer recordar las cosas frente a un entorno en el que desea olvidarlas es cómo de consistente es ese ambiente y qué probabilidad hay de que esas cosas vuelvan a su vida», apunta Blake Richards.

Del mismo modo, las investigaciones muestran que los recuerdos episódicos de las cosas que nos suceden son olvidados con mayor rapidez que el conocimiento general al que accedemos a diario, apoyando el viejo dicho de que «si no lo usas, lo pierdes». Así que, si usted es de los que nunca se acuerdan de nada, no se fustigue sin necesidad, es posible que su cerebro sea especialmente selectivo.

Por qué los optimistas viven más

SALUD

Nuevos estudios ligan el estado de ánimo con el riesgo de morir de cáncer, infarto, ictus o infecciones.


Las neuronas que controlan los pensamientos y las que regulan la presión arterial, el sistema inmunológico o las hormonas están conectadas.

Las emociones, sentimientos y estados de ánimo positivos siempre se han relacionado con un mejor estado de salud, y en los últimos años se han acumulado investigaciones que lo atestiguan. Las últimas, un estudio de la Escuela de Salud Pública de Harvard que asocia el optimismo con un menor riesgo de las mujeres de morir por cáncer, enfermedad cardiaca, accidente cerebrovascular, enfermedades respiratorias o infecciones, y una investigación de psiquiatras finlandeses que muestra que el pesimismo constituye un fuerte factor de riesgo de muerte por cardiopatía coronaria.

Analizando los datos del seguimiento de la salud de 70.000 mujeres entre 2004 y 2012 (a partir del Estudio de Salud de Enfermeras), los investigadores de Harvard concluyen que las del percentil con el nivel más alto de atributos psicológicos positivos (las más optimistas) mostraban un 52% menos de riesgo de morir de infección, un 39% menos de hacerlo de ictus, un 38% menos posibilidades de fallecer de enfermedad cardiaca o respiratoria y un 16% menos de hacerlo de cáncer. Y sus conclusiones se consideran extrapolables a los hombres.

El director del estudio, Eric Kim, explicó al presentarlo que no es solo que las personas optimistas tiendan a actuar de forma más saludable, coman mejor, hagan más ejercicio y duerman mejor; también se ha visto correlación con menos inflamación, unos niveles más saludables de lípidos en sangre y más antioxidantes que protegen a las células de daños.

“No es solo que tiendan a actuar de forma más saludable; también se ha visto correlación con menos inflamación, unos niveles más saludables de lípidos en sangre y más antioxidantes que protegen a las células”.

Estudios previos ya habían revelado que los optimistas presentan niveles más bajos de cortisol, que es una hormona que contribuye a elevar la presión sanguínea, aumentar la grasa abdominal y debilitar el sistema inmune, lo que contribuiría a proteger su salud. Otros han relacionado el pesimismo con la disminución de las catecolaminas y una mayor secreción de endorfinas, lo que implica menor actividad del sistema inmunológico y propicia el incremento de las enfermedades infecciosas.

“Hay características del optimismo como la esperanza, el pensamiento positivo y la extroversión o la tendencia a hablar y compartir que favorecen la salud y fortifican las defensas naturales; por el contrario, estados de ánimo que suelen acompañar al pesimismo, como la desconfianza, la impotencia y el fatalismo persistentes, alteran el sistema inmunológico y endocrino, dañan nuestras defensas naturales y contribuyen a producir enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, ciertos tipos de cáncer e infecciones”, afirma el psiquiatra e investigador Luis Rojas Marcos, que hace años que propugna que la tendencia a enfocar la vida a través de una lente que acentúa los aspectos favorables es un excelente protector para la salud. “Ser optimista o no predice en gran medida nuestra longevidad y son muchos los estudios que demuestran que la esperanza de vida de los optimistas es superior a la de los pesimistas”, asegura.

“Ser optimista o no, predice en gran medida nuestra longevidad”

“El mecanismo por el que actúa el optimismo se explica por el fortalecimiento del sistema autoinmune, que permite al organismo afrontar con más recursos la enfermedad reduciendo la intensidad de los síntomas, una mejor recuperación y un aumento de la sensación del bienestar subjetivo fruto de las endorfinas generadas por el estado de ánimo”, explica Antonio Vallés, especialista en Psicología de la Salud de la Universidad de Alicante, donde imparte una asignatura denominada Optimismo inteligente. Enfatiza que “el optimismo no cura las enfermedades, pero proporciona al organismo, a través del sistema inmunológico, más recursos bioquímicos para luchar contra ella”.

“El optimismo no cura las enfermedades, pero proporciona al cuerpo más recursos bioquímicos para luchar contra ella”

Rojas Marcos recuerda que la idea de Descartes que separaba la mente y el cuerpo por indicación divina retrasó tres siglos el estudio científico de la relación entre ambos, “pero hoy se sabe que no hay tal separación, que existe una constante comunicación entre las neuronas encargadas del estado emocional, las que regulan los pensamientos y las que controlan el sistema nervioso vegetativo encargado de regular el ritmo del corazón, la presión arterial, el aparato digestivo, la secreción de hormonas y el sistema inmunológico protector”.

“Si tenemos ansiedad por nuestras preocupaciones, nuestro sistema nervioso autónomo o vegetativo se híper activará y alterará el equilibrio homeostático del organismo provocando problemas cardiovasculares, respiratorios, dolores musculares, etcétera”, ejemplifica Vallés. El estudio de los psiquiatras finlandeses, publicado en noviembre en la revista BMC Public Health, concluía que las personas del cuartil más pesimista tenían un riesgo 2,2 veces mayor de morir por cardiopatía coronaria que los del cuartil con el nivel más bajo de pesimismo.

Los expertos aseguran que el sistema perceptivo de las personas optimistas funciona de forma opuesta al de los pesimistas tanto ante circunstancias o hechos positivos como ante los negativos. Según Eric Kim, “ser optimista no significa estar siempre alegre, sino creer que pasarán cosas buenas en el futuro”. “Las personas optimistas tienden a localizar el centro de control dentro de ellas mismas, consideran que ocupan ‘el asiento del conductor’ de sus vidas; los pesimistas, por el contrario, tienden a poner el control de su vida en manos del destino y creen en el ‘nada de lo que yo haga importa’ así que incluso los aciertos los ven como una circunstancia ajena a ellos”, comenta Rojas Marcos.

¿De qué depende ser optimista o no?

“Optimistas nacemos y nos hacemos”, responde Luis Rojas Marcos, que precisa que los genes juegan un papel importante en el desarrollo de nuestra personalidad, pero otro factor muy influyente son los valores culturales de la sociedad en que vivimos. “En Estados Unidos, donde resido hace casi medio siglo, se glorifica el optimismo, se presume de ser optimista, se piensa que con optimismo se vencen adversidades, se es más feliz, se tiene más éxito en este mundo e incluso más probabilidades de ir al cielo en el otro; por el contrario, en otras culturas, como la española, el optimismo tiene mala prensa, se mantiene en secreto, y en público se prefiere optar por la queja, incluso cuando se trata de personas que se sienten muy contentas con su vida”, comenta Rojas Marcos desde Nueva York.

“En España el optimismo tiene mala prensa y en público se prefiere optar por la queja”

Respecto al factor genético, explica que hay genes que estimulan personalidades optimistas y extrovertidas, como el 5-httlpr, que regula la absorción de la hormona serotonina, responsable de la producción de emociones placenteras. “Las personas que portan la versión corta de este gen muestran mayor tendencia a expresar ideas y sentimientos positivos”, detalla.

Pero la base biológica puede ser modificada por las experiencias y los factores culturales. “El optimismo inteligente, razonable o estratégico es un aprendizaje de vida consecuencia de la educación, la socialización y las experiencias personales, que pueden provocar que una persona sea más optimista –o menos–, en determinada época de su vida”, indica el psicólogo Antonio Vallés, que distingue varios tipos de optimismo y apela a no confundir el optimismo inteligente –que sabe cuándo es aconsejable mantener una perspectiva pesimista– con el optimismo ilusorio, que trata de adaptar la realidad a sus propios deseos.

Rojas Marcos afirma que durante siglos se ha equiparado el optimismo con la ingenuidad, pero hoy está demostrado que la perspectiva optimista es perfectamente compatible con la sensatez a la hora de resolver situaciones complicadas. “El optimismo es una forma de sentir y de pensar que nos ayuda a gestionar nuestros recursos y a luchar sin desmoralizarnos para superar situaciones adversas; está demostrado que los optimistas, antes de tomar decisiones importantes, sopesan tanto los aspectos positivos como los negativos, mientras que los pesimistas se limitan a ver únicamente los negativos”, comenta.

Y agrega que, por su experiencia, es más fácil y eficaz aprender estrategias para aumentar la visión positiva de las cosas que tratar de cambiar creencias pesimistas, “aunque si nos lo proponemos y lo trabajamos todos podemos aprender a moldear nuestra perspectiva del mundo”.

Influyen genes y los valores culturales, pero el optimismo se puede aprender

Vallés asegura que la clave para aprender a ser optimista es prestar atención a las cosas que se tienen, “valorar las capacidades y fortalezas que cada uno tenemos: responsabilidad, civismo, altruismo, empatía, inteligencia, amabilidad, etcétera, a las que habitualmente no se les presta atención”.

Algunas investigaciones apuntan que algo tan simple como pedir a la persona que escriba o piense en los mejores resultados posibles para diversas áreas de su vida como su carrera profesional o sus relaciones, o anotar los actos de amabilidad recibidos y las cosas por las que se puede estar agradecido cada día, permiten modificar la percepción y la actitud vital y pueden servir para mejorar la salud en el futuro.

Seis ventajas del optimista:

Mayor resiliencia. No se dan por vencidos; ven los retos como algo alcanzable y motivador. Incluso si esos retos incluyen problemas graves ven que con esa actitud los pueden superar.

Menor estrés. No anticipan el futuro con angustia y afrontan las situaciones adversas de forma más sosegada y sana.

Más eficacia. Como perciben las situaciones y contratiempos de la vida diaria con mucho menos estrés pueden actuar de forma mucho más eficaz en el trabajo, con la familia y con los amigos.

Buenos hábitos. Tienen la perspectiva de vivir cosas buenas en el futuro y se cuidan más, comen mejor, hacen más ejercicio, duermen mejor. Y enfocan las situaciones difíciles de forma más sana, con menos excesos.

Más apoyos. Construyen relaciones sociales más fuertes que los pesimistas y su menor hostilidad social hace que tengan más apoyos en caso de situaciones adversas.

Mejor biología. Padecen menos inflamación, presentan un nivel más bajo de lípidos en la sangre y más antioxidantes. Tienen niveles más bajos de cortisol, una hormona que contribuye a elevar la presión sanguínea, a aumentar la grasa abdominal y a debilitar el sistema inmune.

Diferentes tipos de optimismo

El profesor de Psicología Antonio Vallés diferencia cuatro tipos de optimismo:

Situacional. Son las expectativas favorables que tiene una persona frente a un hecho o circunstancia concreta.

Disposicional. Es una actitud general positiva frente a las adversidades de la vida.

Ilusorio. Consiste en una falsa expectativa favorable ante casi todos los aspectos de la vida a pesar de las evidencias en contra.

Inteligente. También llamado estratégico, induce a ser razonablemente optimista para aquello por lo que se puede luchar y conseguir y razonablemente pesimista para no sufrir frustraciones importantes.

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