Es el último sitio que conviene a los lácteos.


¿Cuál es el primer lugar en que se le ocurre poner la leche en la nevera? Seguramente, la puerta, que es donde la pone casi todo el mundo. Entre otras cosas porque los envases tetrabrik parecen diseñados especialmente para ello. Es un error y el último sitio que conviene a los lácteos.

Distribuir los alimentos de forma correcta en la nevera es tan importante como mantenerla limpia y a la temperatura adecuada. No se trata de colocar las cosas donde resulte más fácil cogerlas, sino de mantener cada producto a la temperatura conveniente y de asegurarse la higiene.

Por qué la puerta no es adecuada para la leche


Guardarla aquí es un error

Pues porque es la zona del frigorífico menos fría y más sometida a cambios de temperatura, por el constante abrir y cerrar, muy perjudiciales para unos alimentos tan delicados.

Sus baldas son ideales para artículos con conservantes naturales, como las mostazas y otras salsas de bote, las mermeladas o los zumos. En los departamentos más grandes, se puede poner el agua, vino y otras bebidas. Cocinados arriba, crudos abajo.

¿Dónde hay que guardar la leche?


Este es el lugar correcto

Su sitio es el estante medio o bajo del frigorífico, el más fresco. El mismo donde se aconseja dejar los yogures, natillas y cualquier producto tan perecedero como éstos. También podría guardarse en el inferior, justo encima del cajón de las verduras, pero es mejor reservarlo para los productos frescos y crudos, como la carne o el pescado. Porque es precisamente la zona donde más frío hace.

Además de asegurarse una buena conservación, también se mejora la higiene, pues se evita que un goteo pueda contaminar otros alimentos situados debajo. Es imprescindible que la carne y el pescado estén bien envueltos y aislados para evitar que transmitan olores al resto de cosas almacenadas.

El goteo puede contaminar otros alimentos

Las verduras al cajón

Y el estante superior, ¿lo dejamos vacío? Pues no. Ahí es donde se debe guardar los alimentos cocinados, las sobras del día anterior, los fiambres y embutidos. Los quesos, excepto el curado, que está mejor fuera del frigorífico, como el jamón, acompañarán a la leche. Por último, está el cajón de las verduras.

Conviene no dejarlas fuera de ahí, entre otras cosas, porque si se quedan pegados a la pared de atrás del frigorífico pueden congelarse. Lo mejor es meterlos en una bolsa de plástico o en su envoltorio original si van empaquetados. Y también mantener ahí las hierbas aromáticas.

Frío no, gracias


¿Sabes qué hay que guardar y que no?

Ya puestos, habría que acabar con algunos mitos sobre la conservación en la nevera de determinados productos. Uno de ellos es el café, que además de perder buena parte de su sabor es posible que absorba los olores de los otros alimentos guardados.

Otro, el pan, que sólo conviene meter en el refrigerador si es de molde. Es mucho mejor congelarlo y, eso sí, dejar que se descongele antes de consumirlo e incluso de tostarlo.


Los tomates nunca deben ir en la nevera

Tampoco hay que meter en la nevera algunas frutas y hortalizas. El tomate, por ejemplo, que se vuelve más harinoso, porque el frío rompe sus membranas interiores, pierde sabor y no madura si es que está un poco verde.

No es amigo de la nevera el aguacate, que hay que dejar fuera, en una bolsa de papel abierta para evitar que se endurezcan y se pongan negros. Y, por razones obvias, las frutas tropicales (plátano, piña, papaya), poco acostumbradas a temperaturas por debajo de los 10 grados. Y aunque no es lo más habitual, alguien puede tener la tentación de guardar patatas y cebollas en el frigorífico. Jamás.

El frío convierte su almidón en azúcar y se vuelve dulzona y harinosa. Las cebollas tampoco están a gusto en frío, porque se reblandecen y germinan enseguida. A menos que se trate de las tiernas o cebollinos. Y, ya lo peor de todo, es poner estos dos alimentos juntos, sea dentro o fuera del frigorífico, porque al entrar en contacto emiten un gas que las pudre.

Distribuir los alimentos de forma correcta en la nevera es tan importante como mantenerla limpia y a la temperatura adecuada”

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