Los tumores resistentes copan la mitad del gasto en quimio.


Los investigadores Miquel Ángel Pujana, y Joaquín Arribas

El tumor no responde al tratamiento, o lo ha hecho al principio, pero el cáncer reaparece al cabo de un tiempo. Eso pasa en un 30% de los cánceres: es la resistencia, la consecuencia de la casi infinita capacidad de las células tumorales de adaptarse a las situaciones más adversas y tóxicas para sobrevivir. Y, por eso mismo, el objetivo de centenares de equipos de investigación en todo el mundo y de grandes sumas de dinero en medicamentos existentes y nuevos. “En el ICO, por ejemplo, el 50% del gasto en fármacos para cáncer de mama lo dedicamos el año pasado a tumores resistentes en más de 300 mujeres”, explica Miquel Ángel Pujana, director del nuevo programa contra la resistencia terapéutica del cáncer –ProCURE–del Institut Català d’Oncologia.

La resistencia es muy diferente en función del tipo de tumor. En próstata, apenas ocurre en el 10% de casos; en mama, en el 15%. En pulmón y ovario, entre el 70% y el 80%. “En páncreas estamos como hace cincuenta años, porque es resistente a cualquier terapia desde el primer momento”, reconoce Joaquín Arribas, director de investigación preclínica del Vall d’Hebron Institut d’Oncologia (VHIO).

Pujana y él han reunido a expertos en el tema en un debate celebrado ayer en Cosmo Caixa. Una puesta al día en las líneas de investigación sobre el gran obstáculo para curar el cáncer. “Que probablemente se había infravalorado”. Por eso los cien billones de dólares para la investigación del cáncer alcanzados en el 2014, los 45 medicamentos nuevos puestos a punto en los últimos cinco años para actuar frente a mutaciones concretas y todo el esfuerzo que eso significa han conseguido grandes avances –”la supervivencia hace veinte años en conjunto era del 50%, hoy es del 67%”–, pero siguen sin resolver la supervivencia.

“Hablamos de cientos de enfermedades distintas, tan distintas entre sí como la polio y el sida. Necesitamos conocer cómo son genéticamente esos tumores que mutan y qué mecanismos utilizan para evitar la acción del medicamento, cómo aprenden a zafarse de él y progresar”, explica Arribas. Pero no hay una pauta común. Se conocen algunos mecanismos muy frecuentes, como producir un inmunosupresor muy potente para evitar que el sistema inmunitario reaccione. O un sofisticado proceso de disfraz que hace invisible la envuelta de las células, de modo que el sistema inmunitario tampoco reaccione.

La mejor promesa, la combinación de fármacos de gran precisión con una inmunoterapia que les dé el golpe final a esas células tan listas. Y vacunas. Y lograr marcadores que ayuden a predecir cómo mutará ese tumor en esa persona. Mucho por delante.

Anuncios